Hay autos que se recuerdan por su desempeño, otros por su diseño. Pero hay un grupo más reducido que trasciende por algo menos tangible: el imaginario colectivo. El DeLorean DMC-12 es uno de ellos.
Su silueta futurista, las puertas de ala de gaviota y su carrocería de acero inoxidable sin pintar lo convirtieron en un ícono, aunque su historia esté llena de contradicciones.
Aunque su paso por la industria fue breve, dejó una marca imborrable en la historia del cine y de los autos.
DeLorean DMC-12: Un sueño de acero en medio del caos
Creado por el exejecutivo de General Motors, John DeLorean, este modelo fue el único producido por la DeLorean Motor Company entre 1981 y 1983.

El proyecto nació con ambición: un deportivo seguro, innovador y diferente, que rompiera con lo establecido.
El diseño fue obra de Giorgetto Giugiaro, un genio del diseño recordado por idear joyas como el Volkswagen Golf Mk1 (1974), el BMW M1 (1978) y el Fiat Panda a finales de los 70.
Por otro lado, el motor, un V6 PRV de 2.8 litros -desarrollado en conjunto por Peugeot, Renault y Volvo, de ahí el nombre PRV- entregaba solo 130 caballos.
Pese a su aspecto deportivo, el desempeño era más bien modesto.
Una de las decisiones más complejas fue su lugar de producción: las 9.000 unidades del DeLorean se fabricaron en Irlanda del Norte, en medio de un clima político y financiero complicado.
De hecho, la planta estaba ubicada en Dunmurry, cerca de Belfast, en plena época del conflicto conocido como The Troubles, que enfrentó a nacionalistas católicos y unionistas protestantes durante décadas.
Era como si el tiempo mismo conspirara para que el DeLorean no viera la luz… hasta que el cine le dio un lugar eterno en la memoria.
La coincidencia que lo convirtió en leyenda
En 1985, el director Robert Zemeckis eligió el DeLorean DMC-12 como la máquina del tiempo en Back to the Future, aunque no era la primera opción.
Dato curioso: la idea original consideraba que la máquina del tiempo fuera un refrigerador, pero se descartó por el inminente riesgo que podría significar para el público más infantil.

Su presencia en la trilogía lo inmortalizó. No importó que fuera lento o poco fiable: el DeLorean ya estaba tatuado en la memoria de millones.
La escena del auto despegando entre rayos, fuego y una estela de humo es parte del ADN de los ochenta y un esencial en la historia del cine de ciencia ficción.
Hoy, el DeLorean DMC-12 no se maneja: se venera
En Estados Unidos existen clubes de fanáticos, tiendas especializadas en repuestos y empresas que restauran modelos originales del DeLorean. Incluso hay conversiones eléctricas.
Su precio en el mercado de coleccionistas varía entre los 40.000 y 80.000 dólares, dependiendo del estado.
Más allá de su rendimiento o sus cifras, el DeLorean DMC-12 representa un fragmento de historia.

Es un testimonio de lo que pasa cuando la cultura pop eleva un objeto más allá de su propósito original.
¿Fue un mal auto? Posiblemente. ¿Importa? No tanto.

Lo que importa es que, cada vez que se abre una de sus puertas, parece que estamos a punto de viajar en el tiempo.