Hay autos que se quedan grabados en la memoria colectiva. No por su potencia desmedida ni por su tecnología futurista, sino por esa mezcla única de diseño, carácter y momentos que compartieron con varias generaciones. Entre ellos, el Peugeot 403 ocupa un lugar especial.
Fue el fiel compañero de viajes familiares, protagonista de películas y series, y testigo silencioso de miles de historias alrededor del mundo.
Peugeot 403: la historia de un clásico de culto
Su historia arranca el 20 de abril de 1955, frente a la Torre Eiffel. Allí, Peugeot presenta el primer modelo de la serie “400” tras la Segunda Guerra Mundial, con un diseño firmado por Pininfarina que combina elegancia y presencia. El público francés lo adopta rápido por su fiabilidad mecánica, su comodidad y un comportamiento en carretera que inspira confianza.
El Peugeot 403 también innova por dentro: ofrece asientos regulables en altura e inclinación cuando casi nadie habla de ergonomía. La instrumentación luce “de lujo” para su época, con amperímetro, indicador de temperatura, nivel de combustible, alerta de aceite y un reloj preciso.
Bajo el capó, equipa un motor 1.5 litros de 58 CV que alcanza 125 km/h. En 1958 suma un hito: incorpora una opción diésel Indenor de 1.8 litros con 48 CV y 105 km/h, y abre camino a los sedanes diésel de la marca.
Su versatilidad también explica su éxito. El Peugeot 403 existe como sedán, familiar, furgón y pick-up. Se fabrica en 13 países —incluido Chile— y gana reputación en África por su pick-up resistente, fácil de mantener y con frenada confiable. Antes de que la industria acuñe el término, este modelo ya vive como un verdadero “World Car”.
En la cultura popular, el Peugeot 403 se vuelve inmortal al acompañar al teniente Columbo en la serie de los años 70. Ese 403 gastado pero leal calza perfecto con el carácter del detective: discreto, persistente, inolvidable. También aparece en filmes como Al final de la escapada (1961) y El verano que vivimos (2020), y confirma su lugar como ícono más allá del asfalto.
Setenta años después, el Peugeot 403 sigue despertando sonrisas y recuerdos. Nos recuerda una época en que cada viaje tenía sabor a historia, y en que un auto podía ser mucho más que un objeto: podía ser parte de la familia.